RESEÑA LITERARIA

Ana del Rosario Montrosis poeta, escritora y directora de la revista pluma blanca y negra. A publicado Tacones bajo la luna, 2007 Editorial puerto alegre.Sus textos los pueden encontar en algunas revistas literarias.Actualmente se dedica a dar talleres de creación y a la gestión cultural del centro otro sur.

PRONTO REVISTAS LITERARIAS

Labios Menores

La Mancha

Rayentru

Ancla

Derrame

Recent comments

Personas en línea

There is 1 person browsing ""En mi último cuerpo"" at the moment.

TACONES BAJO LA LUNA; Editorial Puerto Alegre

Librería Millaray, Santa Lucía 270- L2 FONO:6383122, SANTIAGO

Librería Texia, Eyzaguirre 579,local 206 galeria puerta del sol

SAN BERNARDO

El sombrero verde

Posted by Ana Montrosis on 19/02/2008 at 6:10

 

Llevaba siempre un sombrero verde de esos que venden en los cajones de las tiendas de ropa americana, con una franja negra bien acomodada alrededor y una pequeña plumilla que sobresalía ridículamente. Mi abuelo decía que los hombres que no son muy apuestos suelen arrimarse este tipo de sombreros para atraer a las mujeres como yo, a las mujeres que acarician  la suavidad del terciopelo en este tipo de accesorios para evadir de cierta manera alguna tranca de su tímida niñez, así como a modo de seguridad o a modo de aferrarme a algo tangible  a falta de la sensibilidad que inspira dibujar un retrato sin sombrero. Sentaba su diminuta figura en la misma banquilla hacia el frontis de la Catedral. En la catedral del pueblo solíamos fotografiar a las beatas después de la misa de de las siete de la tarde, con mis amigos del taller las seguíamos hasta las inmediaciones para ver como alguna camioneta en polveada les sacudía las pollera negras y largas en donde al subirse se les desprendían los calzones con vuelos como esos que me cocía mi abuelita cuando venia a verme durante el verano Tenía una especie de obsesión por fijar sus grandes pestañas hacia la iglesia como si de ella naciera algo inmortal, algo así como un recuerdo, una promesa, una pena, no lo sé bien, pues este pequeño suceso me intrigaba hasta tal punto que lo seguí por meses hasta este lugarcito que para nada era de extrañarse, pues aquí vienen todos los extranjeros a matar las tardes y también a algunas mañanas cuando la cosecha de uva se pone malaza.  La verdad que cada vez que lo veía sentado meditando su retorcida mirada, imaginaba que veía salir desde la iglesia a una hermosa mujer y que ella era nada más y nada menos que estos ojitos que por horas prolongadas me enloquecía al ver a este tipo de sombrero verde. Era tan mi fanatismo que lo dibujaba por horas sin él siquiera sospecharlo. No había nada más sensual que verlo desdoblar su figurita de niño adolorido, mientras meneaba su sombrero con unas de esas velludas manos, como si en ellas estuviera la respuesta que yo tanto buscaba. Respuestas que en este tipo de imágenes varían como mis retratos de pluma gris. Recuerdo perfectamente que un día me observó escudriñando su sombrero, intente desviar mis ojeras hacia el otro lado de la Catedral, pero se me hizo dificultoso, porque se levantó de su asiento y se me acerco de a poco, lentamente, tan lento que mis nervios saboreaban cada una de las gotitas de sudor que se acomodaban por mi piel sureña, pues no quedo tiempo para arrancar, solo la más ridículo reparación de  preguntarle.- Es un modelito Italiano - pregunté con soltura de mujer  graciosa, él  solo sonrió, no hizo nada más decente que reírse con una frescura varonil que me dejó atontada por varios segundos. Creo que el hombrecito que me tubo meses dibujando su cuerpecillo , con su particular sombrerito, no dimensionó mi obra, mi mágica creación, mi incomprendida imaginación era parte del bosquejo que poco a poco se apoderada de mis dedos Fue entonces que en un arranque de locura decidí levantar el retrato y desviarme  hacia otra banca para continuar el dibujo sin el sombrero.

 







Suscribe to this article comments in RSS