A las 2:30 pm decía la servilleta que me dejo sobre la mesa del restaurante en que nos veíamos una vez al mes y que nadie más que los dos lo manteníamos en la más hermosa clandestinidad. Me desplace relativamente tranquila, tenía en mente pasar a ver a mi hermana para contarle mi travesura, pero se me haría demasiado tarde, asi que procuré avanzar hasta el motel que quedaba en la panamericana Sur. No sabía si ingresar caminando por si alguien me sapeaba para que creyeran que entraba a buscar trabajo o llegar en un readiotaxi con vidrios oscuros como para que no me luquearan con el chofer, la verdad que no sabía que hacer, así que decidí telefonear a Agustín, pero luego pense que apagaría el encanto a la cita que esperabamos desde hace tanto años.Entre sola con la cabeza bien fría, como si fuera una mujer acostumbrada a este tipo de lugares en donde se frecuentan los amantes, los hacedores del amor fortuito, pasajero, fugaz en una complicidad que solo ellos saben hacer a la hora de unir sus cuerpecillos desiguales, en esas elocuciones soñadoras estaba cuando tocan una ventanilla y la señorita ingresa por un pequeño orificio una nota que decia.- Lo siento cariño nos vemos en casa-.







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