RESEÑA LITERARIA

Ana del Rosario Montrosis poeta, escritora y directora de la revista pluma blanca y negra. A publicado Tacones bajo la luna, 2007 Editorial puerto alegre.Sus textos los pueden encontar en algunas revistas literarias.Actualmente se dedica a dar talleres de creación y a la gestión cultural del centro otro sur.

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TACONES BAJO LA LUNA; Editorial Puerto Alegre

Librería Millaray, Santa Lucía 270- L2 FONO:6383122, SANTIAGO

Librería Texia, Eyzaguirre 579,local 206 galeria puerta del sol

SAN BERNARDO

La vecina

Posted by Ana Montrosis on 27/02/2008 at 16:25
A ella le gusta cantar baladas, es una fanática de ese tipo de música  del sur de Italia. Si mal no recuerdo, una vez me comentó que era porque la hacia retener el tiempo y condesar de algún modo los misterios del amor. Nunca lo entendí, para  mi el amor en ese entonces tenia pies y manos, por esa loca razón imaginé que su presunta soledad debía ser nada más y nada menos que un ocasional amorío que tendría por ahí para paliar sus horas grises, sus benditas resurrecciones y que debía tal vez estar muy bien escondido, porque jamás ningún vecino  la había visto con algún extraño, solo la habíamos visto dibujar en su envejecido rostro una hermosa sonrisa, la que envidiamos incomprendidamente. Gloria, es una mujer madura, bella, alegre y solitaria, en esta particular soledad ella canta a sus horas a algún amor extraño  que nosotros sus vecinos le hemos irónicamente inventado, y digo  inventado no por la ironía del caso, sino por la firmeza de sus cantos, que sin ademanes ella  jamás nos había comentado , es más, ella nos decía con la firmeza de una hembra  soñadora que el amor está en su canto, que el amor cae en nuestras figuritas como cae la noche con su manojo de estrellas. Un día bañada en la curiosidad de mis dudas ingrese a su casa sin previo aviso, la puerta de la cocina estaba semi abierta, la música que se oía en toda la cuadra decía que algo estaba por descubrirse, fue entonces que me deslice como culebra cautelosa por los pasillos de su residencia, hasta que presencié en uno de los dormitorio a Gloria, arrodillada, con los brazos abiertos, mirando detenidamente a una fotografía. Fue sorprenderte descubrir quién era, fue maravilloso verlo ahí mirándonos fijamente, mirando como nos enamorábamos de su magnífica imagen. Con Gloria sin despegarnos, sin emitir frase alguna, nos abrazamos contenidas en una laguna de lágrimas que dejamos inundar a lo largo de la habitación. El amor de esta mujer ahora también es mío, un amor celeste que nace y muere en la constelación de la música. Los misterios del Señor son parte de nuestro canto que predicamos por toda la vecindad.

 







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