RESEÑA LITERARIA

Ana del Rosario Montrosis poeta, escritora y directora de la revista pluma blanca y negra. A publicado Tacones bajo la luna, 2007 Editorial puerto alegre.Sus textos los pueden encontar en algunas revistas literarias.Actualmente se dedica a dar talleres de creación y a la gestión cultural del centro otro sur.

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TACONES BAJO LA LUNA; Editorial Puerto Alegre

Librería Millaray, Santa Lucía 270- L2 FONO:6383122, SANTIAGO

Librería Texia, Eyzaguirre 579,local 206 galeria puerta del sol

SAN BERNARDO

DE TURNO

Posted by Ana Montrosis on 16/03/2008 at 21:45
ZOK0KCA5BLY6KCAAVI4B0CAI1TULGCAI0CN1TCASHABD7CAIQ8CRZCA27BUXNCAXHFDA2CA6W1T7BCAU31HULCAUZ43P9CAL69X03CA7KRJDYCAXZWASWCA1XD2JXCAJA28GHCALHM1I1.jpgAl mismo tiempo que la lluvia se arrimaba en las calles, se podía sentir el olor a chocolate caliente desde la puerta del café. Llegue a las seis de la tarde, muerta de frío, hacia tanto frío que desde las ventanas empañadas muy poco se podía divisar la vereda del frente. Me prepare un té bien caliente, coloque mi delantal y revise los vales del turno anterior. Ese día fue bastante extraño, demasiado para mi gusto. El local siempre se llenaba a esa hora pero en esa ocasión  había una sola persona. La única mesa ocupada que estaba al final del pasillo hacia el lado izquierdo del baño de mujeres se encontraba como siempre Mariela,  una joven hermosa y tranquila, pese a su breve edad ella frecuentaba este sitio después del liceo, a ella le gustaba beber chocolate y comer  galletas de miel desde pequeña. Hace un año y medio que había terminado con su novio, un adolescente de su misma edad. Ellos solían visitar todos los cafés que estaban en la calle Mendoza y solo los días viernes en las tardes esperaban en este local a la madre de la niña,  quien trabajaba en la boutique dos calles más abajo. Un día Mariela estuvo varias horas encerrada en el baño de mujeres, su novio me pidió que por favor la fuera a ver.  Insistí hasta que ella salió muy triste, se deslizó hacia  la mesa de siempre y estalló de golpe  en lágrimas. Su novio estaba temblando, la niña le contó que esperaba un hijo, pero de otro muchacho. Los clientes asentaban su vista en la escena, nadie prorrumpió ninguna mueca, ni para bien, ni para mal. Nació un silencio que se acentuó cada vez más, se hizo intenso.  El novio de Mariela  de inmediato se paro, se enojó y se fue. Imagino que decidieron romper la relación y seguir distintos caminos. Mariela se sirvió dos tazas de chocolate bien caliente, el frió invierno hacia que este delicioso ritual se introdujera en su organismo como leche para bebe. Del bebe de la muchacha nunca se supo, la niña solo me contaba de su gran esperanza en volver a amar. El frío continuaba en San Molano, en las calles circulaban algunos ciudadanos en busca de algo calido que caliente sus cuerpos, otros buscaban  refugiarse unos instantes en la cafetería para olvidar en algo la rutina del dilatado trabajo. En eso hace su ingreso un jovencito un tanto mayor que Mariela, él se sentó en la mesa que estaba al lado continuo de la joven, pidió una taza de chocolate con galletas de miel y fijo su vista hacia la muchacha. A la niña le llamo la atención el jovencito,  porque tenía un leve parecido a su antiguo novio a quien ella como me siempre decía no podía olvidar. El se acercó y le pidió si podía sentarse a su lado, no quería estar solo y debía esperar que pasara la lluvia, la niña accedió sin sorprenderse, pero esta imagen cambio paulatinamente, porque parecían que se conocían de toda la vida. Estuvieron largas horas conversando del tiempo, de las calle, del colegio, de la universidad. Él a momentos le tomaba la mano, ella coquetamente la escurría. Ya se hacia de noche y los jovencitos no se despejaban de sus risas y de miraditas traviesas. De repente suena el celular de la niña, ella se va al baño y se demora su resto, el joven se inquieta y se repite la escena, me pide que la vaya a ver, al entrar ella ríe, sus ojos son los mismos que antes cuando por horas los muchachos se tomaban de la manos y se acariciaban sus rostros. Esta vez  me dijo nada, Mariela se acerco al otro joven y le dijo algo al oído, Los jóvenes se fueron y nunca más vi a la niña que por años venía a sentarse todas las tardes a beber chocolate y galletitas de miel.

 







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